Por Alfonso Hernández
El pasado jueves 10 de marzo, el presidente de la República presentó ante unos quinientos invitados a la Casa de Nariño, entre los cuales figuraban rectores y otras autoridades académicas, el proyecto de reforma a la Ley 30 de 1992; un paquete de 13 títulos y 164 artículos, que comprende los más diversos temas. Que una enmienda semejante se hubiera confeccionado sin siquiera un ademán de consulta a la comunidad universitaria constituye no sólo una afrenta, sino que anticipa la esencia de la política educativa del gobierno de la Unidad Nacional: puesto que la sed de lucro va a imperar, no serán los eruditos ni los profesores los que cuenten sino los gerentes, es decir, los emisarios directos de los financistas. El propio perfil de la ministra María Fernanda Campo confirma esta aseveración; reclutada en las oficinas de la Cámara de Comercio de Bogotá sólo la acredita para desempeñarse en la cartera que rige la enseñanza el ser experta en los tejemanejes mercantiles. La advertencia es clara: la educación en Colombia no necesita sabios sino Shylocks.
Martes, 22 de Marzo de 2011 15:06
Última actualización el Domingo, 10 de Abril de 2011 02:12
Escrito por Alfonso Hernández